Acabo de regresar de la Plaza Mayor, un lugar con distintas esquinas dedicadas a la cultura. Un personaje ambulante disfrazado nos pregunta de dónde somos. Acto seguido, se presenta indicándonos que es proveniente de Perú. Pide me tome una foto con y me apoda "Puerto Rico". Su actitud me chocó un poco, pero este se demuestra además de zalamero, respetuoso.
Iris, Wilnerys y yo disponemos a tomar fotos de la localidad. Muchos artistas acaparan nuestra atención con sus talentos pero mi atención se desvía hacia un ritmo, para mí familiar, mientras los tacones sobre madera me hacen comprender que no es sino el exquisito sonido del flamenco.
Las poderosas voces de los músicos se extienden a través de la plaza, acaparando para sí un numeroso grupo de espectadores. La prodigiosa bailarina se esmera en su faena con una seguridad tal, que es certera en las notas provenientes de las guitarras.
Son la música y el baile una combinación tan agradable a los sentidos, que me resta solo mirar para poder mantener para mí este pedazo tan importante de cultura.












